Claro. Por fin lo descubrí. El amor es pegamento. Es el relleno de la matraca! No entendía ni quise entender porque otra vez faltaba química. Todo estaba dado para que otra vez no huya de un patológico o me enriede con un imbécil nuevo. Pero no. Y lo entendí. Porque los diálogos y los momentos fueron lindos, que se yo. Pero faltaba amor. Y es eso. Pegamento. Eso que te une, que te rellena y te pega. Literal. Porque cuando diálogo se acaba lo mejor es un abrazo. Porque cuando terminaste de decir alguna estupidez o hablar de alguna actriz en una película pésima, lo mejor es que te callen con un beso. Y cuando estas por quedarte dormido y queres que ya sea otro día, aparece el pegamento que de golpe te soluciona la vida. Lo peor: no es sexo desenfrenado, es el pegajoso y milagroso amor.
Vuelve la vida B. Y los amantes que no fueron. Y las no-relaciones de turno. Y los amigos que se confunden. Y las relaciones de una sola noche. Y los familiares densos. Y las situaciones comprometedora. Y la terapia al mundo entero. Volvió la vida B.
En el crepúsculo busco tu boca
escondida
Tu mirada se acerca y soy el cíclope que
te adora
Nos escapamos a ese desierto
contigo
los días se acortan y entonces
desesperado
busco tu boca otra vez y tus labios
néctar
me llevan a apasionarme con tu existencia
onírica